Reading time
23 min
To share this contribution please copy the url below
EN es

La violencia que viene: el panafricanismo y las lecciones del bumerán colonial

 

En esta versión editada de una conferencia impartida en la asamblea «Past in the Present» y la School of Common Knowledge de Barcelona, ​​el historiador y sociólogo Javier García Fernández reflexiona sobre la «necesidad política e intelectual» de pensar el panafricanismo y el proyecto anticolonial desde la Europa actual.

¿Qué pueden enseñarnos las luchas del Sur global en torno a la descolonización de Europa? ¿Qué puede aprender el continente europeo del sufrimiento histórico producido por más de cinco siglos de opresión colonial y racial a escala mundial? ¿Qué tipo de saber crítico, generado en el seno de las luchas del Sur global, interpela a quienes hemos habitado el lado metropolitano de esa historia1?

Se trata, en última instancia, de una discusión que busca construir una mirada crítica sobre cómo el colonialismo, el racismo y el capitalismo extractivista han operado no solo como dispositivos de explotación global, sino también como fuerzas de deshumanización al interior de la propia población europea y qué dispositivos y proyectos culturales nos pueden explicar la forma en que los europeos también hemos sido deshumanizados. Hoy, Europa se encuentra tensionada entre dinámicas de autodestrucción expresadas en el repliegue identitario, el auge de los autoritarismos y la crisis ecológica, y la posibilidad de aprender del Sur global a habitar, junto a otros, otras formas de humanidad.

¿Por qué resulta hoy tan importante hablar de panafricanismo? ¿Por qué hacerlo aquí, en Barcelona, en el Estado español, en Europa occidental, en el año 2025? Agradezco, en primer lugar, la invitación a abrir esta reflexión, porque permite situar el problema en su urgencia histórica. Y es que no se trata simplemente de un interés académico o cultural, sino de una necesidad política e intelectual de nuestro presente. Como bien sabemos, Europa occidental atraviesa un momento especialmente oscuro. Asistimos al auge de formas renovadas de autoritarismo, a la proliferación de discursos reaccionarios, al avance del antifeminismo y a la intensificación de narrativas abiertamente hostiles hacia las personas migrantes. Este giro no puede entenderse al margen de la crisis de un determinado orden global: el orden neoliberal surgido tras la Segunda Guerra Mundial y reconfigurado en las últimas décadas a partir de las promesas incumplidas de democratización que marcaron el ciclo político abierto por movilizaciones como Occupy Wall Street, la Primavera Árabe, los movimientos de las plazas en el sur de Europa o las huelgas feministas. Durante ese ciclo, se ensayaron formas de desbordamiento democrático que buscaban ir más allá de los límites de la democracia representativa liberal. Sin embargo, lejos de consolidarse, esos intentos de democratización radical parecen hoy haber entrado en una fase de repliegue. Europa se encuentra nuevamente atrapada en una batalla cultural de signo reaccionario que reactiva viejos fantasmas históricos. Hoy asistimos a un proceso de desborde reaccionario del orden neoliberal.

No es la primera vez que esto ocurre. Europa cruje, se resquebraja, precisamente en aquellos lugares donde su proyecto político nunca logró resolver sus propias contradicciones. Existe una herida histórica que permanece latente y reaparece cíclicamente. Este dolor fantasma es la violencia racial estructural que ha acompañado la constitución misma de Europa como proyecto moderno. La violencia racial como dimensión constitutiva que se expresa en el interior de Europa, en sus momentos más extremos, como fascismo, una forma de autodestrucción que devuelve a la historia familiar de Europa el largo viaje del colonialismo europeo.

Hoy, pensar desde Barcelona, desde Europa occidental en 2025, implica comenzar a formular una pregunta incómoda pero ineludible: ¿cómo nos salvamos? Es decir, ¿qué instituciones, qué comunidades, qué formas de organización colectiva pueden construirse para hacer frente a una oleada autoritaria y potencialmente autodestructiva que amenaza con atravesar, una vez más, el continente europeo? No se trata de un escenario inédito**;** la historia del siglo XX nos recuerda que estas derivas ya tuvieron lugar en los años previos a 1917 y, de forma más brutal, en el periodo que culmina en 1945. Existen razones fundadas para pensar que podrían reactivarse bajo nuevas configuraciones.

Esta reflexión adquiere una particular densidad en el contexto del Estado español, que, como sabemos, alberga actualmente el único gobierno progresista de Europa occidental, una excepción que, en sí misma, revela la debilidad de las fuerzas transformadoras en el continente. Se trata, además, de un gobierno que incluye sectores situados a la izquierda de la socialdemocracia clásica, con la presencia de ministros provenientes de tradiciones de izquierda.

Sin embargo, las tensiones internas que atraviesan este gobierno forman parte de una disputa más amplia que está contribuyendo a configurar el terreno de la batalla cultural contemporánea. Mientras en el interior de las instituciones se dirimen equilibrios inestables, en el exterior se intensifica la ofensiva de los sectores reaccionarios, que despliegan su acción en múltiples frentes: en los medios de comunicación y la producción cultural, en el poder judicial y policial, en el sistema educativo y universitario y en los espacios laborales. Asimismo, desarrollan su batalla cultural y sus mecanismos de cohesión en torno al proyecto reaccionario de manera especialmente significativa en las periferias metropolitanas y en los barrios populares.

Es precisamente en estos territorios donde se libra una lucha decisiva, orientada a desarticular muchas de las conquistas sociales, democráticas y feministas que han sido fruto de más de siete décadas de conflictos y acumulación de derechos sociales. Lo que está en juego no es solo la reversión de determinadas políticas públicas, sino la reconfiguración más profunda de las condiciones de posibilidad de lo común, en un contexto marcado por la crisis del modelo neoliberal y por la reactivación de formas de violencia estructural que creíamos parcialmente contenidas.

Yo diría que esa herida por la que Europa vuelve a resquebrajarse tiene que ver, precisamente, con el conjunto de violencias que el propio proyecto europeo ejerció históricamente sobre los pueblos del mundo. En esa fractura reaparece una verdad histórica: el colonialismo no es solo un dispositivo de dominación externa, sino que produce también, en el interior de las sociedades metropolitanas, una tensión constante de autoodio, autodestrucción y pulsión de muerte.

En este sentido, el panafricanismo, tal como nos convoca hoy aquí, nos recuerda algo fundamental: son justamente aquellos sujetos que han sufrido de manera más intensa y prolongada la opresión quienes están en condiciones de interpretarla y expresarla con mayor profundidad. Son los cuerpos históricamente deshumanizados quienes pueden mostrarnos cómo ese dolor histórico puede transformarse en experiencias de reconstrucción comunitaria y en horizontes de superación de la opresión.

Hablamos del panafricanismo porque constituye una de las grandes utopías políticas de carácter verdaderamente mundial. Un proyecto que no solo se enfrentó a las formas de explotación económica, dominación política y violencia cultural propias del orden colonial, sino que también entró en conflicto con una cierta tradición emancipatoria hegemónica, marcada por su carácter metropolitano, blanco, burgués, europeo y norteamericano. En esa doble confrontación, contra la opresión racial y material y contra los límites eurocéntricos de las propias utopías modernas, el panafricanismo produjo un caudal creativo revolucionario, profundamente democrático, emancipador y feminista.

Segundo Congreso de la Internacional Comunista (Komintern) celebrado en el Palacio Uritsky de Petrogrado en 1920; aparecen Lenin, Máximo Gorki, Grigori Zinóviev y Manabendra Nath Roy (M. N. Roy).

En primer lugar, cuando hablamos de panafricanismo, es importante señalar que una parte significativa de sus debates emerge en el contexto de las luchas por la igualdad racial en Estados Unidos. Muchas de estas luchas se inscribieron dentro de las tradiciones marxistas y comunistas; de hecho, un número importante de militantes afroamericanos formó parte activa del movimiento comunista internacional, participando en espacios como el Komintern (la Internacional Comunista), fundada en 1919 tras la Revolución Rusa. A esos congresos de la Tercera Internacional asistieron figuras como Harry Haywood, marxista afroamericano de Chicago; José Carlos Mariátegui, desde Perú; Antonio Gramsci, desde el sur de Italia; M. N. Roy, revolucionario indio exiliado en México y marcado por experiencias tanto en Asia como en América; así como militantes como Andreu Nin, Andrés Maurín y otros delegados del Estado español.

En las conferencias del Komintern se debate una cuestión fundamental para los comunistas. Se trata de discernir si el capitalismo posee siempre un carácter imperialista, es decir, si su lógica de acumulación implica necesariamente la dominación de unos países sobre otros.

En los primeros debates de la Internacional Comunista, Lenin había introducido sus tesis sobre cómo el imperialismo era una fase superior del desarrollo del capitalismo en los países centrales2. A lo que delegados del Sur global como M. N. Roy y otros representantes de Asia y África le señalan es que el imperialismo no solo fue una fase superior, sino que constituyó la condición de posibilidad para el desarrollo del capitalismo en los países centrales. Además, otra tesis importante en las conferencias del Komintern fue la ampliamente difundida por Lenin en su obra El derecho de las naciones a la autodeterminación3, en discusión con Rosa Luxemburgo a propósito de Polonia, donde expresa la idea de que «ningún pueblo que oprime puede ser libre». Lenin recupera aquí una formulación previa de Marx, quien la había aplicado al caso de Irlanda y Gran Bretaña y que podía aplicarse fácilmente al debate sobre las independencias de las colonias4. Esta idea Marx la había tomado, durante su periodo de estudio de la historia iberoamericana en la Biblioteca Británica, de un discurso del diputado Dionisio Inca Yupanqui en las Cortes de Cádiz, donde alertaba a los liberales españoles de que, si no daban la libertad a los países americanos, ellos mismos seguirían bajo el yugo del absolutismo5.

Así, comienza a destacarse cómo la violencia ejercida en las colonias reaparece dentro de los propios Estados metropolitanos en forma de racismo estructural, represión, desigualdad y explotación de las clases populares. A partir de esta lectura, se plantea que las luchas de independencia en las colonias no son un proceso separado, sino una condición para la posibilidad misma de la revolución en los países occidentales.

Mientras las clases trabajadoras de Europa permanezcan integradas en proyectos imperiales y se beneficien, material o simbólicamente, de la dominación colonial, seguirán atravesadas por una lógica racial e imperial que bloquea la construcción de una comunidad política igualitaria y, por tanto, de un proceso revolucionario en sentido pleno.

Harry Haywood junto a miembros del ejército republicano durante la Guerra Civil Española (1936-1937). Archivos de la Brigada Abraham Lincoln (ALBA).

En este marco, los marxistas afroamericanos, especialmente Haywood6, introducen un elemento clave: los Estados del capitalismo avanzado no solo explotan hacia el exterior, sino que reproducen en su interior lógicas de dominación similares a las coloniales. En el caso de Estados Unidos, esto daba lugar a la explotación de la población afroamericana, de la nación negra, cuya liberación como grupo racializado estaba íntimamente ligada a la liberación de los trabajadores norteamericanos. Son los obreros negros, por su situación de ultraexplotación, los que están preparados para organizar y liderar una revolución de tipo socialista que involucre al resto de trabajadores blancos de Estados Unidos.

Algo similar podría decirse de América Latina en las interpretaciones que hacía de la realidad peruana José Carlos Mariátegui. Los indígenas constituían una «nación interior» que era doblemente explotada: como trabajadores agrícolas de las haciendas, pero también porque eran deshumanizados en términos culturales, lingüísticos y religiosos. Por esas particulares condiciones de explotación, la revolución latinoamericana iba a estar, necesariamente, liderada por los sectores más explotados de las clases populares, es decir, por los indígenas. Y eso mismo afirmaría Gramsci para referirse a los campesinos del sur de Italia o M. N. Roy al hablar de los campesinos de la India.

Se trata, en cierto modo, de una constatación bastante evidente, pero que una parte de la izquierda contemporánea parece no estar incorporando plenamente: la reproducción material de la vida en todas las sociedades capitalistas depende de formas intensificadas de explotación que afectan a determinados grupos, y estos grupos no están siendo integrados en los proyectos políticos emancipatorios. Hablamos de personas que sostienen la producción de alimentos, los trabajos de cuidados y, en general, la reproducción social, y que ocupan posiciones de superexplotación estructural.

Autores como Mariátegui en el caso peruano, Gramsci en el contexto italiano, M. N. Roy en la India o Harry Haywood en Estados Unidos apuntaron en esta dirección: en el interior de los Estados existen comunidades sometidas a formas específicas de explotación agravada7. Dentro de la clase trabajadora no hay homogeneidad; siempre hay posiciones donde la opresión se intensifica. Estas adoptan distintas formas —poblaciones migrantes, minorías racializadas, mujeres, especialmente mujeres racializadas— pero comparten el hecho de situarse en el punto donde las contradicciones del sistema se expresan con mayor crudeza.

Es precisamente desde esos espacios esas “colonias internas” desde donde emerge la posibilidad de transformación. No por una cuestión moral, sino porque es ahí donde la violencia, la desigualdad y la explotación se concentran y, por tanto, donde las condiciones para una ruptura se vuelven más agudas. En ese sentido, la posibilidad de una emancipación general pasa necesariamente por la centralidad de estos sujetos. Sin abordar esas desigualdades estructurales, las transformaciones tienden a quedar incompletas.

Desde esta perspectiva, el panafricanismo ofrece una clave fundamental para pensar también el presente europeo. No se trata de mirar hacia África como un exterior, sino de comprender que esas mismas lógicas operan dentro de Europa. Es desde ciudades como Barcelona, se reproducen estas formas de desigualdad. Y es en esas comunidades subalternizadas donde reside, en gran medida, la posibilidad real de una transformación social. Son quienes sostienen la vida, quienes experimentan de forma más intensa la crisis y quienes, en muchos casos, ya están produciendo prácticas alternativas en el día a día.

Fotografía de Harry Haywood junto a miembros del ejército republicano durante la Guerra Civil Española (1936-1937). Archivos de la Brigada Abraham Lincoln (ALBA).

Existe otra idea clave desarrollada en el pensamiento afroamericano y panafricanista de las décadas de 1920 y 1930: la noción de fascismo colonial, elborada por George Padmore8, intelectual originario de Trinidad y Tobago, cuya trayectoria transcurre entre Estados Unidos, Alemania y Reino Unido, a partir de una experiencia internacional que le permitió observar distintas formas de dominación en contextos coloniales y metropolitanos. Padmore plantea que lo que en Europa se denominó “fascismo” no constituye una ruptura absoluta, sino más bien la introducción en el espacio metropolitano de formas de violencia que habían sido previamente ensayadas en los territorios coloniales. La dominación racial, la segregación, la violencia sistemática o la organización de espacios de confinamiento no son fenómenos nuevos, sino prácticas estructurales del orden colonial que, en un determinado momento, se desplazan hacia el interior de Europa.

Desde esta perspectiva, la distinción entre fascismo y colonialismo aparece no como una diferencia en las formas de violencia, sino como una diferencia de localización y de percepción. Las mismas lógicas de exterminio, jerarquización racial y explotación extrema han sido históricamente desplegadas por potencias como Gran Bretaña, Francia, Bélgica, España o Italia en África, Asia, el Caribe y otras regiones del mundo. Lo que cambia en el siglo XX es que esas formas de violencia se aplican también sobre poblaciones europeas.

Esa es la fractura fundamental de la modernidad, la partición, la fragmentación de la humanidad. En el momento en que se legitiman políticas de deshumanización contra otros, esa lógica termina revirtiendo sobre el conjunto de la sociedad. Es precisamente lo que señalaba George Padmore y una parte del marxismo europeo no comprendió que la Segunda Guerra Mundial no podía explicarse únicamente como una radicalización ideológica, sino como un conflicto interimperialista inscrito en la larga duración del colonialismo europeo.

Durante todo el siglo XIX, Europa se desarrolló a través de la expansión colonial, aprovechando las crisis de otros sistemas —en África, en el Imperio Otomano o en China—. Las Guerras del Opio son un ejemplo paradigmático de desestabilización económica, intervención militar y dominación territorial como parte de una misma lógica. En este marco, la Revolución Industrial no puede entenderse como un proceso puramente europeo, sino como una transformación apoyada en la explotación colonial y el extractivismo de recursos y de tecnologías que hizo Inglaterra a través de la Guerra Opio.

A partir de ahí, la Primera Guerra Mundial estalla, precisamente, como consecuencia de esa desigual distribución del acceso a los mercados coloniales. Las potencias con colonias disponían de recursos baratos, mientras que los imperios sin acceso a esos circuitos —como Alemania o el Imperio austrohúngaro— enfrentaban mayores tensiones económicas e inflacionarias. La guerra aparece así como una disputa por el reparto del mundo.

El periodo de entreguerras no resuelve esa contradicción, sino que la profundiza: se mantiene el orden colonial, se limita el acceso de ciertas potencias a los mercados y se reproducen las condiciones de crisis. En ese contexto, el fascismo emerge como una forma de reorganización violenta de esa tensión, reintroduciendo en el espacio europeo las lógicas de dominación, expansión y exterminio propias del colonialismo.

Legionarios sosteniendo las cabezas de combatientes rifeños. Fotografía publicada por Jacques Roger-Mathieu en Las memorias de Abd el-Krim (1926).

Lo que resulta clave es que estas dinámicas no surgen de la nada, sino que se alimentan de narrativas imperiales y supremacistas que se consolidan en ese periodo. Conceptos como el Lebensraum (espacio vital), ciertas formulaciones de la hispanidad9, del sionismo, o distintos proyectos nacional-imperiales expresan esa voluntad de expansión en contextos donde el imperio ya no es plenamente viable. Son, en ese sentido, imperios sin imperio, cuya frustración se traduce en violencia interna.

Desde esta perspectiva, el auge del autoritarismo en Europa no debe entenderse como una anomalía, sino como el retorno al interior de la metrópoli de las violencias que Europa había ejercido durante siglos en el resto del mundo. El fascismo aparece así como una forma de colonialismo interno. El orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial, bajo hegemonía estadounidense, no desmantela completamente estas lógicas, sino que las reorganiza. Europa occidental se reconstruye como un espacio subordinado en términos militares, económicos y geopolíticos, profundamente dependiente, pero que mantiene en gran medida una autopercepción marcada por la superioridad racial y la centralidad histórica. Por eso, la pregunta que se abre en el presente —en la Europa de 2025— es inevitable: ¿qué condiciones hacen posible que resurjan, en el interior del continente, formas autoritarias, violentas y profundamente deshumanizadoras? ¿Qué transformaciones en la economía política, en la cultura y en la subjetividad permiten que esas lógicas vuelvan a instalarse como horizonte?

De hecho, ya en la década de los 30, Padmore advertía que la izquierda europea no estaba comprendiendo que el mantenimiento de los sistemas coloniales acabaría por desestabilizar las propias sociedades metropolitanas. Señalaba, por ejemplo, que el sostenimiento del dominio británico en el Caribe o del francés en el norte de África tenía un coste político profundo, imprimía en la sociedad un espíritu imperialsta, racista y bélico e impedía la construcción de procesos emancipatorios de carácter socialista en el interior de Europa.

Esta lectura se refuerza si se observa el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Una parte significativa de las fuerzas que contribuyeron a derrotar al nazismo en territorio europeo procedía de las colonias como eran las tropas del norte de África, del sudeste asiático o del Caribe ye participaron activamente en la liberación de Europa. Esto cuestiona la narrativa eurocéntrica que presenta la IIGM como una lucha exclusivamente interna entre democracias y totalitarismos.

Por otro lado, el mapa político europeo de la época estaba lejos de responder a la imagen de una Europa mayoritariamente democrática. Regímenes autoritarios o profundamente limitados en términos democráticos existían en múltiples países: desde Portugal y España hasta la Francia de Vichy, la Italia fascista o la Alemania nazi. Incluso en el caso británico, el funcionamiento democrático se vio suspendido o restringido durante largos periodos, mientras que formas extremas de violencia se seguían ejerciendo de manera sistemática en los territorios coloniales.

Desde esta perspectiva, la diferencia entre los regímenes fascistas y otras potencias europeas no radica tanto en la existencia o no de prácticas violentas, sino en su localización. Mientras que el fascismo trasladó esas lógicas al interior de Europa, otras potencias continuaron aplicándolas en sus colonias. Esto explica, en parte, la construcción de ciertas memorias históricas en las que unos actores aparecen como defensores de la libertad, mientras que otros son identificados como encarnaciones absolutas del mal, invisibilizando la continuidad de las violencias coloniales en el orden global.

Si nos detenemos en el caso español —y con esto querría ir cerrando esta parte—, resulta significativo que en 1936 una parte importante de la izquierda internacional se movilizara hacia el Estado español. Entre ellos se encontraban numerosos militantes afroamericanos, cuya presencia fue parte de una agenda militante y socialista global. En el caso de los militnates afroamericanos se trataba de militantes que, en un primer momento, había intentado dirigirse hacia Etiopía para enfrentarse a la invasión italiana impulsada por el fascismo de Mussolini. Sin embargo, la caída del Imperio Etíope y el exilio de su emperador desviaron esa agenda política, que acabó confluyendo en las Brigadas Internacionales en España.

Una mujer llora ante los cuerpos de tres hombres abatidos en la calle Rodrigo de Triana, en Sevilla, tras la toma del barrio por las fuerzas del comandante franquista Antonio Castejón Espinosa, el 21 de julio de 1936.

Desde la perspectiva de estos militantes, y de pensadores panafricanistas como George Padmore, lo que estaba ocurriendo en España podía leerse con bastante claridad, el franquismo no era una anomalía, sino una forma de fascismo colonial aplicada en el interior de la península. La violencia desplegada por el ejército sublevado remitía directamente a las prácticas coloniales previamente ejercidas en el norte de África. Para quienes habían experimentado la racialización y la violencia estructural, resultaba evidente que se estaba produciendo una lógica de exterminio en la que la categoría de “enemigo político” se transformaba en una condición racializada: el “rojo” pasaba a ser construido como un otro absoluto, susceptible de eliminación.

Padmore desarrolla esta idea de forma explícita en textos como Why Moors Helped Franco10, de 1938, donde aborda una de las grandes contradicciones del conflicto: el apoyo de sectores de la población marroquí al bando franquista. Su análisis es, fundamentalmente, que, si la República hubiese impulsado un proceso de descolonización en Marruecos, Franco no habría podido construir el ejército con el que inició el golpe. La negativa a desmantelar el orden colonial permitió que el fascismo movilizara tropas procedentes de territorios previamente sometidos, convirtiendo el colonialismo en un recurso militar decisivo para la formación de un ejército fascista.

En este sentido, el ejército de Franco estuvo compuesto en parte por sujetos que habían sufrido directamente la violencia colonial y que, al mismo tiempo, habían sido formados en sus lógicas. La explotación extrema genera condiciones en las que las poblaciones subalternas pueden ser captadas por distintos proyectos de poder, especialmente cuando no encuentran en los proyectos emancipatorios respuestas materiales a su situación. Para Padmore, esto no es una anomalía, sino una consecuencia directa de la persistencia del colonialismo. La articulación entre la idea nacional y una lógica de supremacía racial generó las condiciones para un levantamiento ultraviolento que derivó en la muerte de cientos de miles de personas y en la instauración de un régimen fascista durante más de cuatro décadas. Este régimen desplegó formas sistemáticas de violencia: campos de trabajo forzado, sistemas de explotación laboral vinculados al Estado, persecución ideológica y religiosa, anulación de lenguas y culturas, así como formas específicas de violencia de género que estructuraron la subordinación de las mujeres durante generaciones.

Lo relevante, desde esta perspectiva, es que estas formas de violencia no eran esencialmente distintas de las que el propio Estado español había ejercido previamente en sus territorios coloniales, como en el norte de África. Es decir, el franquismo puede leerse también como una prolongación hacia el interior de prácticas coloniales previamente ensayadas en otros espacios.

Si avanzamos hacia la segunda mitad del siglo XX, encontramos una reconfiguración del orden geopolítico bajo hegemonía estadounidense, en la que Europa occidental se rearticula sin haber resuelto plenamente estas herencias. Y, sin embargo, en el presente asistimos a una situación en la que muchos de los marcos teóricos y políticos construidos en las últimas décadas parecen entrar en crisis frente a la intensificación de la violencia global.

En este sentido, determinados acontecimientos recientes han puesto en cuestión la eficacia de categorías como los derechos humanos, la democracia liberal o incluso ciertos discursos decoloniales, evidenciando los límites de marcos que no logran detener ni explicar plenamente las formas contemporáneas de destrucción. La violencia ya no aparece como una excepción, sino como parte de dinámicas genocidas que pueden reproducirse en múltiples territorios simultáneamente.

Desde esta perspectiva, la tesis del fascismo colonial adquiere una renovada actualidad. Las prácticas de control, exclusión y represión —redadas, centros de internamiento, deportaciones— forman parte de una gramática política que sigue operando en el interior de las sociedades europeas. No se trata de fenómenos marginales, sino de expresiones de una lógica estructural que nunca ha sido completamente desmantelada.

Es en este contexto donde la descolonización de Europa adquiere todo su sentido. Aquella tarea por la que lucharon pensadores y militantes del panafricanismo —muchos de los cuales participaron también en conflictos como la Guerra Civil española— implicaba comprender que el fin del colonialismo en la metrópoli es una condición para cualquier proceso real de emancipación.

Esto supone asumir que la violencia ejercida hacia otros forma parte de un sistema que, en última instancia, acaba volviéndose contra quienes la legitiman. Allí donde se normaliza, tarde o temprano se reintroduce en el interior de la propia sociedad. En este punto, el panafricanismo nos enseña la posibilidad de la liberación no puede pensarse en términos de separación sino de relación. No consiste en construir formas de solidaridad hacia los otros, sino en construir con ellos, escuchar, aprender y articular un proyecto común con aquellos cuerpos y comunidades que han sufrido históricamente las formas más intensas de opresión.

En última instancia, la descolonización de Europa pasa por ese desplazamiento, dejar de pensarse como centro, abandonar la posición de exterioridad y reconstruirse como parte del mundo. Pensar Europa desde el panafricanismo implica precisamente eso: un proceso de descentramiento radical que abre la posibilidad de imaginar otras formas de comunidad, más allá de las lógicas coloniales que han estructurado su historia.

Una primera versión de este manuscrito fue presentada como parte de una conferencia invitada en el Centro de Estudios y Documentación del MACBA, donde fui invitado a participar en el encuentro anual de la School of Common Knowledge (SCK), junto a estudiantes del PEI Obert (Programa de Estudios Independientes del MACBA), en relación con mi colaboración en la exposición Proyectar un planeta negro. El arte y la cultura de Panáfrica, comisariada por Elvira Dyangani Ose, Antawan I. Byrd, Matthew S. Witkovsky y Adom Getachew. Durante la sesión tuve la oportunidad de ampliar, contrastar y desarrollar con mayor profundidad varias de las ideas centrales expuestas en el texto «El otro internacionalismo: la mirada radical de los marxistas negros sobre el fascismo en Europa y la Guerra Civil Española», publicado en el volumen colectivo Panáfrica. Arte e imaginarios políticos para la construcción de un planeta negro. Quisiera agradecer a mis colegas del MACBA, Elvira Dyangani Ose, María Berríos, Sabel Gavaldón y Anna Ramos, la confianza depositada en mí y su compromiso con la construcción y articulación de caminos hacia la emancipación y la descolonización del Estado, aquí y ahora. Asimismo, deseo expresar mi agradecimiento a Nick Aikens, editor de L’Internationale Online, por brindarme la oportunidad de compartir esta conferencia en forma del presente manuscrito en lengua inglesa, abriendo así el debate a una audiencia anglófona más amplia.Lenin, Vladímir Ilich (1965 [1920]). «Tesis preliminares sobre los problemas nacnal y colonial para el II Congreso de la Internacional Comunista». En Obras completas, vol. 31, trad. de Julius Katzer. Moscú: Editorial Progreso, pp. 144-151.Lenin, Vladímir Ilich (1964 [1916]). «La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación». En Obras completas, vol. 22, Diciembre de 1915 - julio de 1916, trad. de Yuri Sdobnikov. Moscú: Editorial Progreso, p. 149.El giro anticolonial en el pensamiento de Marx, incluidas sus reflexiones sobre América Latina y su interés por la figura del representante inca Dionisio Yupanqui, ha sido analizado extensamente por Néstor Kohan; véase Néstor Kohan, «Marxismo y cuestión nacional», Raíz Diversa. Revista especializada en Estudios Latinoamericanos, vol. 3, núm. 5 (2016), pp. 125-140. Para una discusión más amplia de estas cuestiones en el marco de los marxismos del Sur, el pensamiento descolonial/anticolonial y los antiimperialismos contemporáneos, véase Ramón Grosfoguel, Néstor Kohan y Javier García Fernández, «Marxismos del Sur, pensamiento descolonial/anticolonial y nuevos antiimperialismos», Tabula Rasa, núm. 42 (2022), doi.org.Inca Yupanqui, Dionisio. «Discurso de Dionisio Inca Yupanqui en las Cortes de Cádiz, 16 de diciembre de 1810». Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Consultado el 8 de julio de 2026. adhilac.com.Haywood, Harry. Bolchevique negro: autobiografía de un comunista afroamericano. Chicago: Liberator Press, 1978.Influido por los debates de la Komintern, Mariátegui desarrolló su concepción de la raza en relación con la cuestión indígena, que llegó a definir como una cuestión nacional interna en su obra de 1929 El problema de las razas en América Latina. Aunque José Carlos Mariátegui no asistió a las reuniones de la Tercera Internacional en Moscú, durante su exilio en Europa participó en el Congreso de Livorno de 1921, donde fue fundado el Partido Comunista de Italia (PCI). Por su parte, Antonio Gramsci permaneció en Moscú entre 1922 y 1926 como delegado del PCI ante la Komintern y siguió de cerca los debates sobre la cuestión colonial. A partir de estas discusiones, elaboró su teoría de la «cuestión meridional», combinando los análisis italianos sobre el atraso rural del sur con los debates marxistas acerca del desarrollo capitalista, la cuestión colonial, la cuestión agraria y la cuestión nacional. En un artículo publicado en L’Ordine Nuovo el 3 de enero de 1920, Gramsci sostenía que la burguesía del norte había oprimido al sur de Italia y a las islas, reduciendo dichos territorios a colonias de explotación. José Carlos Mariátegui, «El problema de las razas en América Latina», en José Carlos Mariátegui: antología, ed. y trad. de Harry E. Vanden y Marc Becker, Nueva York: Monthly Review Press, 2011, pp. 259-286; Antonio Gramsci, La cuestión meridional, trad. de Pasquale Verdicchio, Toronto: Guernica Editions, 2005.Padmore, George. La vida y las luchas de los trabajadores negros. Moscú: Internacional Sindical Roja, 1931; Padmore, George. Cómo Gran Bretaña gobierna África. Londres: Wishart & Co., 1936; Padmore, George. «Hitler, Mussolini y África», The Crisis, septiembre de 1937.González Calleja, Eduardo. «La Hispanidad y la evocación imperialista del fascismo español», Revista de Historia Jerónimo Zurita, núm. 99. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2021, pp. 191-216; Sayegh, Fayez A. El colonialismo sionista en Palestina. Beirut: Centro de Investigación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), 1965, pp. 21-39.George Padmore, ‘Why Moors Help Franco’, The Crisis Magazine, 1937.Una primera versión de este manuscrito fue presentada como parte de una conferencia invitada en el Centro de Estudios y Documentación del MACBA, donde fui invitado a participar en el encuentro anual de la School of Common Knowledge (SCK), junto a estudiantes del PEI Obert (Programa de Estudios Independientes del MACBA), en relación con mi colaboración en la exposición Proyectar un planeta negro. El arte y la cultura de Panáfrica, comisariada por Elvira Dyangani Ose, Antawan I. Byrd, Matthew S. Witkovsky y Adom Getachew. Durante la sesión tuve la oportunidad de ampliar, contrastar y desarrollar con mayor profundidad varias de las ideas centrales expuestas en el texto «El otro internacionalismo: la mirada radical de los marxistas negros sobre el fascismo en Europa y la Guerra Civil Española», publicado en el volumen colectivo Panáfrica. Arte e imaginarios políticos para la construcción de un planeta negro. Quisiera agradecer a mis colegas del MACBA, Elvira Dyangani Ose, María Berríos, Sabel Gavaldón y Anna Ramos, la confianza depositada en mí y su compromiso con la construcción y articulación de caminos hacia la emancipación y la descolonización del Estado, aquí y ahora. Asimismo, deseo expresar mi agradecimiento a Nick Aikens, editor de L’Internationale Online, por brindarme la oportunidad de compartir esta conferencia en forma del presente manuscrito en lengua inglesa, abriendo así el debate a una audiencia anglófona más amplia.Lenin, Vladímir Ilich (1965 [1920]). «Tesis preliminares sobre los problemas nacnal y colonial para el II Congreso de la Internacional Comunista». En Obras completas, vol. 31, trad. de Julius Katzer. Moscú: Editorial Progreso, pp. 144-151.Lenin, Vladímir Ilich (1964 [1916]). «La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación». En Obras completas, vol. 22, Diciembre de 1915 - julio de 1916, trad. de Yuri Sdobnikov. Moscú: Editorial Progreso, p. 149.El giro anticolonial en el pensamiento de Marx, incluidas sus reflexiones sobre América Latina y su interés por la figura del representante inca Dionisio Yupanqui, ha sido analizado extensamente por Néstor Kohan; véase Néstor Kohan, «Marxismo y cuestión nacional», Raíz Diversa. Revista especializada en Estudios Latinoamericanos, vol. 3, núm. 5 (2016), pp. 125-140. Para una discusión más amplia de estas cuestiones en el marco de los marxismos del Sur, el pensamiento descolonial/anticolonial y los antiimperialismos contemporáneos, véase Ramón Grosfoguel, Néstor Kohan y Javier García Fernández, «Marxismos del Sur, pensamiento descolonial/anticolonial y nuevos antiimperialismos», Tabula Rasa, núm. 42 (2022), doi.org.Inca Yupanqui, Dionisio. «Discurso de Dionisio Inca Yupanqui en las Cortes de Cádiz, 16 de diciembre de 1810». Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Consultado el 8 de julio de 2026. adhilac.com.Haywood, Harry. Bolchevique negro: autobiografía de un comunista afroamericano. Chicago: Liberator Press, 1978.Influido por los debates de la Komintern, Mariátegui desarrolló su concepción de la raza en relación con la cuestión indígena, que llegó a definir como una cuestión nacional interna en su obra de 1929 El problema de las razas en América Latina. Aunque José Carlos Mariátegui no asistió a las reuniones de la Tercera Internacional en Moscú, durante su exilio en Europa participó en el Congreso de Livorno de 1921, donde fue fundado el Partido Comunista de Italia (PCI). Por su parte, Antonio Gramsci permaneció en Moscú entre 1922 y 1926 como delegado del PCI ante la Komintern y siguió de cerca los debates sobre la cuestión colonial. A partir de estas discusiones, elaboró su teoría de la «cuestión meridional», combinando los análisis italianos sobre el atraso rural del sur con los debates marxistas acerca del desarrollo capitalista, la cuestión colonial, la cuestión agraria y la cuestión nacional. En un artículo publicado en L’Ordine Nuovo el 3 de enero de 1920, Gramsci sostenía que la burguesía del norte había oprimido al sur de Italia y a las islas, reduciendo dichos territorios a colonias de explotación. José Carlos Mariátegui, «El problema de las razas en América Latina», en José Carlos Mariátegui: antología, ed. y trad. de Harry E. Vanden y Marc Becker, Nueva York: Monthly Review Press, 2011, pp. 259-286; Antonio Gramsci, La cuestión meridional, trad. de Pasquale Verdicchio, Toronto: Guernica Editions, 2005.Padmore, George. La vida y las luchas de los trabajadores negros. Moscú: Internacional Sindical Roja, 1931; Padmore, George. Cómo Gran Bretaña gobierna África. Londres: Wishart & Co., 1936; Padmore, George. «Hitler, Mussolini y África», The Crisis, septiembre de 1937.González Calleja, Eduardo. «La Hispanidad y la evocación imperialista del fascismo español», Revista de Historia Jerónimo Zurita, núm. 99. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2021, pp. 191-216; Sayegh, Fayez A. El colonialismo sionista en Palestina. Beirut: Centro de Investigación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), 1965, pp. 21-39.George Padmore, ‘Why Moors Help Franco’, The Crisis Magazine, 1937.Una primera versión de este manuscrito fue presentada como parte de una conferencia invitada en el Centro de Estudios y Documentación del MACBA, donde fui invitado a participar en el encuentro anual de la School of Common Knowledge (SCK), junto a estudiantes del PEI Obert (Programa de Estudios Independientes del MACBA), en relación con mi colaboración en la exposición Proyectar un planeta negro. El arte y la cultura de Panáfrica, comisariada por Elvira Dyangani Ose, Antawan I. Byrd, Matthew S. Witkovsky y Adom Getachew. Durante la sesión tuve la oportunidad de ampliar, contrastar y desarrollar con mayor profundidad varias de las ideas centrales expuestas en el texto «El otro internacionalismo: la mirada radical de los marxistas negros sobre el fascismo en Europa y la Guerra Civil Española», publicado en el volumen colectivo Panáfrica. Arte e imaginarios políticos para la construcción de un planeta negro. Quisiera agradecer a mis colegas del MACBA, Elvira Dyangani Ose, María Berríos, Sabel Gavaldón y Anna Ramos, la confianza depositada en mí y su compromiso con la construcción y articulación de caminos hacia la emancipación y la descolonización del Estado, aquí y ahora. Asimismo, deseo expresar mi agradecimiento a Nick Aikens, editor de L’Internationale Online, por brindarme la oportunidad de compartir esta conferencia en forma del presente manuscrito en lengua inglesa, abriendo así el debate a una audiencia anglófona más amplia.Lenin, Vladímir Ilich (1965 [1920]). «Tesis preliminares sobre los problemas nacnal y colonial para el II Congreso de la Internacional Comunista». En Obras completas, vol. 31, trad. de Julius Katzer. Moscú: Editorial Progreso, pp. 144-151.Lenin, Vladímir Ilich (1964 [1916]). «La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación». En Obras completas, vol. 22, Diciembre de 1915 - julio de 1916, trad. de Yuri Sdobnikov. Moscú: Editorial Progreso, p. 149.El giro anticolonial en el pensamiento de Marx, incluidas sus reflexiones sobre América Latina y su interés por la figura del representante inca Dionisio Yupanqui, ha sido analizado extensamente por Néstor Kohan; véase Néstor Kohan, «Marxismo y cuestión nacional», Raíz Diversa. Revista especializada en Estudios Latinoamericanos, vol. 3, núm. 5 (2016), pp. 125-140. Para una discusión más amplia de estas cuestiones en el marco de los marxismos del Sur, el pensamiento descolonial/anticolonial y los antiimperialismos contemporáneos, véase Ramón Grosfoguel, Néstor Kohan y Javier García Fernández, «Marxismos del Sur, pensamiento descolonial/anticolonial y nuevos antiimperialismos», Tabula Rasa, núm. 42 (2022), doi.org.Inca Yupanqui, Dionisio. «Discurso de Dionisio Inca Yupanqui en las Cortes de Cádiz, 16 de diciembre de 1810». Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Consultado el 8 de julio de 2026. adhilac.com.Haywood, Harry. Bolchevique negro: autobiografía de un comunista afroamericano. Chicago: Liberator Press, 1978.Influido por los debates de la Komintern, Mariátegui desarrolló su concepción de la raza en relación con la cuestión indígena, que llegó a definir como una cuestión nacional interna en su obra de 1929 El problema de las razas en América Latina. Aunque José Carlos Mariátegui no asistió a las reuniones de la Tercera Internacional en Moscú, durante su exilio en Europa participó en el Congreso de Livorno de 1921, donde fue fundado el Partido Comunista de Italia (PCI). Por su parte, Antonio Gramsci permaneció en Moscú entre 1922 y 1926 como delegado del PCI ante la Komintern y siguió de cerca los debates sobre la cuestión colonial. A partir de estas discusiones, elaboró su teoría de la «cuestión meridional», combinando los análisis italianos sobre el atraso rural del sur con los debates marxistas acerca del desarrollo capitalista, la cuestión colonial, la cuestión agraria y la cuestión nacional. En un artículo publicado en L’Ordine Nuovo el 3 de enero de 1920, Gramsci sostenía que la burguesía del norte había oprimido al sur de Italia y a las islas, reduciendo dichos territorios a colonias de explotación. José Carlos Mariátegui, «El problema de las razas en América Latina», en José Carlos Mariátegui: antología, ed. y trad. de Harry E. Vanden y Marc Becker, Nueva York: Monthly Review Press, 2011, pp. 259-286; Antonio Gramsci, La cuestión meridional, trad. de Pasquale Verdicchio, Toronto: Guernica Editions, 2005.Padmore, George. La vida y las luchas de los trabajadores negros. Moscú: Internacional Sindical Roja, 1931; Padmore, George. Cómo Gran Bretaña gobierna África. Londres: Wishart & Co., 1936; Padmore, George. «Hitler, Mussolini y África», The Crisis, septiembre de 1937.González Calleja, Eduardo. «La Hispanidad y la evocación imperialista del fascismo español», Revista de Historia Jerónimo Zurita, núm. 99. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2021, pp. 191-216; Sayegh, Fayez A. El colonialismo sionista en Palestina. Beirut: Centro de Investigación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), 1965, pp. 21-39.George Padmore, ‘Why Moors Help Franco’, The Crisis Magazine, 1937.Una primera versión de este manuscrito fue presentada como parte de una conferencia invitada en el Centro de Estudios y Documentación del MACBA, donde fui invitado a participar en el encuentro anual de la School of Common Knowledge (SCK), junto a estudiantes del PEI Obert (Programa de Estudios Independientes del MACBA), en relación con mi colaboración en la exposición Proyectar un planeta negro. El arte y la cultura de Panáfrica, comisariada por Elvira Dyangani Ose, Antawan I. Byrd, Matthew S. Witkovsky y Adom Getachew. Durante la sesión tuve la oportunidad de ampliar, contrastar y desarrollar con mayor profundidad varias de las ideas centrales expuestas en el texto «El otro internacionalismo: la mirada radical de los marxistas negros sobre el fascismo en Europa y la Guerra Civil Española», publicado en el volumen colectivo Panáfrica. Arte e imaginarios políticos para la construcción de un planeta negro. Quisiera agradecer a mis colegas del MACBA, Elvira Dyangani Ose, María Berríos, Sabel Gavaldón y Anna Ramos, la confianza depositada en mí y su compromiso con la construcción y articulación de caminos hacia la emancipación y la descolonización del Estado, aquí y ahora. Asimismo, deseo expresar mi agradecimiento a Nick Aikens, editor de L’Internationale Online, por brindarme la oportunidad de compartir esta conferencia en forma del presente manuscrito en lengua inglesa, abriendo así el debate a una audiencia anglófona más amplia.Lenin, Vladímir Ilich (1965 [1920]). «Tesis preliminares sobre los problemas nacnal y colonial para el II Congreso de la Internacional Comunista». En Obras completas, vol. 31, trad. de Julius Katzer. Moscú: Editorial Progreso, pp. 144-151.Lenin, Vladímir Ilich (1964 [1916]). «La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación». En Obras completas, vol. 22, Diciembre de 1915 - julio de 1916, trad. de Yuri Sdobnikov. Moscú: Editorial Progreso, p. 149.El giro anticolonial en el pensamiento de Marx, incluidas sus reflexiones sobre América Latina y su interés por la figura del representante inca Dionisio Yupanqui, ha sido analizado extensamente por Néstor Kohan; véase Néstor Kohan, «Marxismo y cuestión nacional», Raíz Diversa. Revista especializada en Estudios Latinoamericanos, vol. 3, núm. 5 (2016), pp. 125-140. Para una discusión más amplia de estas cuestiones en el marco de los marxismos del Sur, el pensamiento descolonial/anticolonial y los antiimperialismos contemporáneos, véase Ramón Grosfoguel, Néstor Kohan y Javier García Fernández, «Marxismos del Sur, pensamiento descolonial/anticolonial y nuevos antiimperialismos», Tabula Rasa, núm. 42 (2022), doi.org.Inca Yupanqui, Dionisio. «Discurso de Dionisio Inca Yupanqui en las Cortes de Cádiz, 16 de diciembre de 1810». Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Consultado el 8 de julio de 2026. adhilac.com.Haywood, Harry. Bolchevique negro: autobiografía de un comunista afroamericano. Chicago: Liberator Press, 1978.Influido por los debates de la Komintern, Mariátegui desarrolló su concepción de la raza en relación con la cuestión indígena, que llegó a definir como una cuestión nacional interna en su obra de 1929 El problema de las razas en América Latina. Aunque José Carlos Mariátegui no asistió a las reuniones de la Tercera Internacional en Moscú, durante su exilio en Europa participó en el Congreso de Livorno de 1921, donde fue fundado el Partido Comunista de Italia (PCI). Por su parte, Antonio Gramsci permaneció en Moscú entre 1922 y 1926 como delegado del PCI ante la Komintern y siguió de cerca los debates sobre la cuestión colonial. A partir de estas discusiones, elaboró su teoría de la «cuestión meridional», combinando los análisis italianos sobre el atraso rural del sur con los debates marxistas acerca del desarrollo capitalista, la cuestión colonial, la cuestión agraria y la cuestión nacional. En un artículo publicado en L’Ordine Nuovo el 3 de enero de 1920, Gramsci sostenía que la burguesía del norte había oprimido al sur de Italia y a las islas, reduciendo dichos territorios a colonias de explotación. José Carlos Mariátegui, «El problema de las razas en América Latina», en José Carlos Mariátegui: antología, ed. y trad. de Harry E. Vanden y Marc Becker, Nueva York: Monthly Review Press, 2011, pp. 259-286; Antonio Gramsci, La cuestión meridional, trad. de Pasquale Verdicchio, Toronto: Guernica Editions, 2005.Padmore, George. La vida y las luchas de los trabajadores negros. Moscú: Internacional Sindical Roja, 1931; Padmore, George. Cómo Gran Bretaña gobierna África. Londres: Wishart & Co., 1936; Padmore, George. «Hitler, Mussolini y África», The Crisis, septiembre de 1937.González Calleja, Eduardo. «La Hispanidad y la evocación imperialista del fascismo español», Revista de Historia Jerónimo Zurita, núm. 99. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2021, pp. 191-216; Sayegh, Fayez A. El colonialismo sionista en Palestina. Beirut: Centro de Investigación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), 1965, pp. 21-39.George Padmore, ‘Why Moors Help Franco’, The Crisis Magazine, 1937.Una primera versión de este manuscrito fue presentada como parte de una conferencia invitada en el Centro de Estudios y Documentación del MACBA, donde fui invitado a participar en el encuentro anual de la School of Common Knowledge (SCK), junto a estudiantes del PEI Obert (Programa de Estudios Independientes del MACBA), en relación con mi colaboración en la exposición Proyectar un planeta negro. El arte y la cultura de Panáfrica, comisariada por Elvira Dyangani Ose, Antawan I. Byrd, Matthew S. Witkovsky y Adom Getachew. Durante la sesión tuve la oportunidad de ampliar, contrastar y desarrollar con mayor profundidad varias de las ideas centrales expuestas en el texto «El otro internacionalismo: la mirada radical de los marxistas negros sobre el fascismo en Europa y la Guerra Civil Española», publicado en el volumen colectivo Panáfrica. Arte e imaginarios políticos para la construcción de un planeta negro. Quisiera agradecer a mis colegas del MACBA, Elvira Dyangani Ose, María Berríos, Sabel Gavaldón y Anna Ramos, la confianza depositada en mí y su compromiso con la construcción y articulación de caminos hacia la emancipación y la descolonización del Estado, aquí y ahora. Asimismo, deseo expresar mi agradecimiento a Nick Aikens, editor de L’Internationale Online, por brindarme la oportunidad de compartir esta conferencia en forma del presente manuscrito en lengua inglesa, abriendo así el debate a una audiencia anglófona más amplia.Lenin, Vladímir Ilich (1965 [1920]). «Tesis preliminares sobre los problemas nacnal y colonial para el II Congreso de la Internacional Comunista». En Obras completas, vol. 31, trad. de Julius Katzer. Moscú: Editorial Progreso, pp. 144-151.Lenin, Vladímir Ilich (1964 [1916]). «La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación». En Obras completas, vol. 22, Diciembre de 1915 - julio de 1916, trad. de Yuri Sdobnikov. Moscú: Editorial Progreso, p. 149.El giro anticolonial en el pensamiento de Marx, incluidas sus reflexiones sobre América Latina y su interés por la figura del representante inca Dionisio Yupanqui, ha sido analizado extensamente por Néstor Kohan; véase Néstor Kohan, «Marxismo y cuestión nacional», Raíz Diversa. Revista especializada en Estudios Latinoamericanos, vol. 3, núm. 5 (2016), pp. 125-140. Para una discusión más amplia de estas cuestiones en el marco de los marxismos del Sur, el pensamiento descolonial/anticolonial y los antiimperialismos contemporáneos, véase Ramón Grosfoguel, Néstor Kohan y Javier García Fernández, «Marxismos del Sur, pensamiento descolonial/anticolonial y nuevos antiimperialismos», Tabula Rasa, núm. 42 (2022), doi.org.Inca Yupanqui, Dionisio. «Discurso de Dionisio Inca Yupanqui en las Cortes de Cádiz, 16 de diciembre de 1810». Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Consultado el 8 de julio de 2026. adhilac.com.Haywood, Harry. Bolchevique negro: autobiografía de un comunista afroamericano. Chicago: Liberator Press, 1978.Influido por los debates de la Komintern, Mariátegui desarrolló su concepción de la raza en relación con la cuestión indígena, que llegó a definir como una cuestión nacional interna en su obra de 1929 El problema de las razas en América Latina. Aunque José Carlos Mariátegui no asistió a las reuniones de la Tercera Internacional en Moscú, durante su exilio en Europa participó en el Congreso de Livorno de 1921, donde fue fundado el Partido Comunista de Italia (PCI). Por su parte, Antonio Gramsci permaneció en Moscú entre 1922 y 1926 como delegado del PCI ante la Komintern y siguió de cerca los debates sobre la cuestión colonial. A partir de estas discusiones, elaboró su teoría de la «cuestión meridional», combinando los análisis italianos sobre el atraso rural del sur con los debates marxistas acerca del desarrollo capitalista, la cuestión colonial, la cuestión agraria y la cuestión nacional. En un artículo publicado en L’Ordine Nuovo el 3 de enero de 1920, Gramsci sostenía que la burguesía del norte había oprimido al sur de Italia y a las islas, reduciendo dichos territorios a colonias de explotación. José Carlos Mariátegui, «El problema de las razas en América Latina», en José Carlos Mariátegui: antología, ed. y trad. de Harry E. Vanden y Marc Becker, Nueva York: Monthly Review Press, 2011, pp. 259-286; Antonio Gramsci, La cuestión meridional, trad. de Pasquale Verdicchio, Toronto: Guernica Editions, 2005.Padmore, George. La vida y las luchas de los trabajadores negros. Moscú: Internacional Sindical Roja, 1931; Padmore, George. Cómo Gran Bretaña gobierna África. Londres: Wishart & Co., 1936; Padmore, George. «Hitler, Mussolini y África», The Crisis, septiembre de 1937.González Calleja, Eduardo. «La Hispanidad y la evocación imperialista del fascismo español», Revista de Historia Jerónimo Zurita, núm. 99. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2021, pp. 191-216; Sayegh, Fayez A. El colonialismo sionista en Palestina. Beirut: Centro de Investigación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), 1965, pp. 21-39.George Padmore, ‘Why Moors Help Franco’, The Crisis Magazine, 1937.Una primera versión de este manuscrito fue presentada como parte de una conferencia invitada en el Centro de Estudios y Documentación del MACBA, donde fui invitado a participar en el encuentro anual de la School of Common Knowledge (SCK), junto a estudiantes del PEI Obert (Programa de Estudios Independientes del MACBA), en relación con mi colaboración en la exposición Proyectar un planeta negro. El arte y la cultura de Panáfrica, comisariada por Elvira Dyangani Ose, Antawan I. Byrd, Matthew S. Witkovsky y Adom Getachew. Durante la sesión tuve la oportunidad de ampliar, contrastar y desarrollar con mayor profundidad varias de las ideas centrales expuestas en el texto «El otro internacionalismo: la mirada radical de los marxistas negros sobre el fascismo en Europa y la Guerra Civil Española», publicado en el volumen colectivo Panáfrica. Arte e imaginarios políticos para la construcción de un planeta negro. Quisiera agradecer a mis colegas del MACBA, Elvira Dyangani Ose, María Berríos, Sabel Gavaldón y Anna Ramos, la confianza depositada en mí y su compromiso con la construcción y articulación de caminos hacia la emancipación y la descolonización del Estado, aquí y ahora. Asimismo, deseo expresar mi agradecimiento a Nick Aikens, editor de L’Internationale Online, por brindarme la oportunidad de compartir esta conferencia en forma del presente manuscrito en lengua inglesa, abriendo así el debate a una audiencia anglófona más amplia.Lenin, Vladímir Ilich (1965 [1920]). «Tesis preliminares sobre los problemas nacnal y colonial para el II Congreso de la Internacional Comunista». En Obras completas, vol. 31, trad. de Julius Katzer. Moscú: Editorial Progreso, pp. 144-151.Lenin, Vladímir Ilich (1964 [1916]). «La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación». En Obras completas, vol. 22, Diciembre de 1915 - julio de 1916, trad. de Yuri Sdobnikov. Moscú: Editorial Progreso, p. 149.El giro anticolonial en el pensamiento de Marx, incluidas sus reflexiones sobre América Latina y su interés por la figura del representante inca Dionisio Yupanqui, ha sido analizado extensamente por Néstor Kohan; véase Néstor Kohan, «Marxismo y cuestión nacional», Raíz Diversa. Revista especializada en Estudios Latinoamericanos, vol. 3, núm. 5 (2016), pp. 125-140. Para una discusión más amplia de estas cuestiones en el marco de los marxismos del Sur, el pensamiento descolonial/anticolonial y los antiimperialismos contemporáneos, véase Ramón Grosfoguel, Néstor Kohan y Javier García Fernández, «Marxismos del Sur, pensamiento descolonial/anticolonial y nuevos antiimperialismos», Tabula Rasa, núm. 42 (2022), doi.org.Inca Yupanqui, Dionisio. «Discurso de Dionisio Inca Yupanqui en las Cortes de Cádiz, 16 de diciembre de 1810». Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Consultado el 8 de julio de 2026. adhilac.com.Haywood, Harry. Bolchevique negro: autobiografía de un comunista afroamericano. Chicago: Liberator Press, 1978.Influido por los debates de la Komintern, Mariátegui desarrolló su concepción de la raza en relación con la cuestión indígena, que llegó a definir como una cuestión nacional interna en su obra de 1929 El problema de las razas en América Latina. Aunque José Carlos Mariátegui no asistió a las reuniones de la Tercera Internacional en Moscú, durante su exilio en Europa participó en el Congreso de Livorno de 1921, donde fue fundado el Partido Comunista de Italia (PCI). Por su parte, Antonio Gramsci permaneció en Moscú entre 1922 y 1926 como delegado del PCI ante la Komintern y siguió de cerca los debates sobre la cuestión colonial. A partir de estas discusiones, elaboró su teoría de la «cuestión meridional», combinando los análisis italianos sobre el atraso rural del sur con los debates marxistas acerca del desarrollo capitalista, la cuestión colonial, la cuestión agraria y la cuestión nacional. En un artículo publicado en L’Ordine Nuovo el 3 de enero de 1920, Gramsci sostenía que la burguesía del norte había oprimido al sur de Italia y a las islas, reduciendo dichos territorios a colonias de explotación. José Carlos Mariátegui, «El problema de las razas en América Latina», en José Carlos Mariátegui: antología, ed. y trad. de Harry E. Vanden y Marc Becker, Nueva York: Monthly Review Press, 2011, pp. 259-286; Antonio Gramsci, La cuestión meridional, trad. de Pasquale Verdicchio, Toronto: Guernica Editions, 2005.Padmore, George. La vida y las luchas de los trabajadores negros. Moscú: Internacional Sindical Roja, 1931; Padmore, George. Cómo Gran Bretaña gobierna África. Londres: Wishart & Co., 1936; Padmore, George. «Hitler, Mussolini y África», The Crisis, septiembre de 1937.González Calleja, Eduardo. «La Hispanidad y la evocación imperialista del fascismo español», Revista de Historia Jerónimo Zurita, núm. 99. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2021, pp. 191-216; Sayegh, Fayez A. El colonialismo sionista en Palestina. Beirut: Centro de Investigación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), 1965, pp. 21-39.George Padmore, ‘Why Moors Help Franco’, The Crisis Magazine, 1937.

Related contributions and publications

Related activities