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Reescenificar para activar la memoria viva

El siluetazo, Buenos Aires, 1983.

La desaparición de 43 estudiantes en el Estado mexicano de Guerrero el pasado 26 de septiembre ha impulsado la denuncia de su inadmisibilidad a nivel global, exigiendo la aparición con vida de los desaparecidos. En ciudades como Toulouse o Sidney, la demanda social se ha articulado con prácticas creativas para dar visibilidad a esa operación necropolítica de los Estados Unidos Mexicanos que reverbera en los más de 20.000 casos de personas desaparecidas en el país en los últimos ocho años. La fecha elegida para hacer esta acción global fue intencional: en el mundo judeocristiano el 1 de noviembre es el día de "todos los santos" o "todos los muertos", lo que además en México tiene tintes muy particulares. En esa celebración, a través de diferentes rituales que mezclan lo cristiano y lo pagano, los vivientes están llamados a convocar la memoria personal de los familiares muertos. En México, como en otros países, esto ocurre en un proceso festivo que revela la pausa temporal que implica el mundo al revés. De hecho el día de todos los muertos es ya una activación performativa de la memoria en las relaciones entre vivos y muertos.

En la plaza frente al MACBA de Barcelona, este 1 de noviembre una serie de agentes realizaron un siluetazo por los estudiantes desaparecidos. La acción reescenificaba una experiencia fundamental de alianza entre artistas y colectivos de Derechos Humanos en la Argentina durante el declive de la última dictadura. El siluetazo del 21 de septiembre de 1983 fue una colaboración entre Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores y Guillermo Kexel, entre otros artistas, con las asociaciones de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Poner el cuerpo para marcar en el espacio público la presencia del cuerpo ausente era una forma de hacer un llamamiento por la aparición con vida. La intervención pretendía combatir el olvido y representar lo irrepresentable de la desaparición. En palabras de Flores, se trataba de "darle a la manifestación otra posibilidad de expresión y perdurabilidad temporal, crear un hecho gráfico que golpee al Gobierno a través de su magnitud física y desarrollo formal y, por lo inusual, renueve la atención de los medios de difusión y provoque un aglutinante".

De forma casi paralela en Chile, ante la desinformación sobre el paradero de sus hijos desaparecidos, el trabajador Sebastián Acevedo se inmoló en la Plaza de Armas de Concepción llevando a sus últimas consecuencias la capacidad política y simbólica del cuerpo, clamando por una respuesta urgente: el paradero de sus hijos. Su acción dio fuerza al nacimiento del Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo que, desde los principios de la no-violencia, activaban el espacio público chileno señalando los lugares de tortura y desaparición. Este movimiento es una de las narraciones de origen de lo que luego se conocerá como escraches o funas en los 1990s en Argentina y Chile y, más recientemente, en el Estado español promovido por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

El gesto de este año en Barcelona volvía a este principio de "prestar el cuerpo" a ese otro desaparecido en una activación micropolítica de la plaza mediante la acción colectiva. En ella participaron más de 100 personas entre las que se encontraba la investigadora Nancy Garín, las artistas Jesús Arpal-Moya, Xara Sacchi, Mario Páez y Daniela Ortiz o la activista cuir Beatriz Marcos Preciado, re-nombrada "Marcos" como apropiación trans del nombre ficcional del subcomandante zapatista, quien dejaba su cargo hacía unos meses. El gesto del núcleo familiar que propone el ritual cristiano del día de los muertos, en el caso del siluetazo se ha visto desplazado por estrategias que proponen otras formas de vivir y morir juntos. La construcción de colectividad activaba la alianza entre las demandas históricas y contemporáneas por el derecho a la vida de quienes han sido desaparecidos: "vivos se los llevaron, vivos los queremos".

La articulación entre demandas del pasado y demandas del presente fue el motor también de una manifestación organizada en Madrid por una serie de organizaciones sociales el domingo 26 de octubre, unos días antes de la acción en Barcelona. El lema de la manifestación fue Carabanchel: un centro por la memoria. Contra la represión de ayer y hoy. Entre 1940 y 1944, en este barrio de la periferia de Madrid el dictador Francisco Franco mandó construir con mano de obra republicana esclavizada una cárcel panóptica. Su edificio fue destruido hace seis años, con excepción de su centro de salud adjunto. La marcha siguió el mismo recorrido que entonces hicieron los republicanos cargando los materiales de construcción desde la antigua Cárcel de Santa Rita. La manifestación proponía una nueva alianza ciudadana y de derechos humanos entre la memoria histórica de las luchas contra el franquismo y la situación contemporánea de los migrantes que, debido a una falta administrativa como no tener papeles, son encerrados en los Centros de Internamiento de Extranjeros. Estos no son otra cosa que nuevas cárceles racistas. El antiguo centro de salud de la cárcel panóptica del franquismo es la nueva cárcel migrante de Madrid. Además, en un gesto de frontera interna y amedrentamiento cotidiano, es el lugar donde los migrantes que vivimos en Madrid debemos regularizar periódicamente nuestra residencia: una forma más de las políticas del terror. Por ello los republicanos junto a los activistas por los derechos migrantes, marchamos pidiendo el cierre inmediato del Centro de Internamiento y su transformación en un Centro por la Memoria de la lucha contra el franquismo.

La manifestación fue encabezada por un grupo de migrantes y republicanos con una soga al cuello que los unía a todos. Cada uno portaba en su pecho un cartel que indicaba el motivo por el cual había sido detenido en Carabanchel: la lucha contra el franquismo o la falta de papeles. La soga, como los largos hilos de la historia colonial, establecía una alianza entre sujetos vulnerables unidos por la resistencia a las formas de la represión.

Sin duda estas alianzas transhistóricas y transnacionales operan como una afrenta micropolítica a las alianzas transhistóricas y transnacionales del capital y el terror necropolítico. El hecho que el lema global por los 43 desaparecidos en México sea "todos somos Ayotzinapa", y en la anterior entrada de este blog propusiéramos que "todos somos 12 de octubre", en la senda del "todos somos negros" haitiano, no es una coincidencia. Es el síntoma de una necesidad colectiva por construir desde abajo alianzas que permitan resistir ante una abolición de derechos que no tiene que ver únicamente con la reciente crisis económica que afecta a los países del sur de Europa – los llamados PIGS. Más bien, esta pulsión nace como respuesta a la fluidez con la que siguen operando contemporáneamente los dispositivos moderno/coloniales tanto a nivel estructural como en el inconsciente cotidiano: éstos no dejan de incidir en nuestros modos de vida y nuestros afectos cotidianos. La capacidad de estas nuevas alianzas para activar situaciones traumáticas de ayer y hoy, da herramientas colectivas para combatir, a partir de la reescenificación, la impunidad de las violaciones a los Derechos Humanos y recuperar la memoria viva de los que han sido desaparecidos.

Denuncia de casa de torturas en Calle Londres 38, Santiago. Movimiento Sebastián Aceveo, 1984.
El siluetazo, Barcelona, 2014. Foto: Rosario Ateaga.
Beatriz Marcos Preciado en El siluetazo, Barcelon 2014. Foto: Rosario Ateaga.
Manifestación Carabanchel: un centro por la memoria. Contra la represión de ayer y hoy, Madrid, 2014. Pancartas creadas por Daniela Ortiz y Xose Quiroga.
Posted 19 Nov 2014
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